En mí quiero respeto y verdad

Meditación con Mataji Shaktiananda

27·08·2025

Crea el momento, hazte presente,
haz registro de tu situacionalidad,
de lo que como cuerpo tienes
y opera aquí en este sistema.
Es porque, a su vez, ha sido creado para esto,
es tan perfecto.
Así que sabiendo eso,
 sitúate y permítele, haz que obre para esto.

Registra bien, alivia cualquier tensión,
haz que funcione como es,
respirando así, y haz que cada vez
la respiración sea más consciente de ti.
Por sobre todo, agradécete,
estás obrando en tu manifiesto,
estás queriendo ser tú.

Por eso haces este acto de libertad,
sin complejos, sin dudas, sin explicaciones,
a tu entera voluntad,
porque ya algo dentro de ti,
te dijo y sabe lo que eres, lo que Es,
y ya no hay búsqueda, ni ambigüedad,
ni pretensión de validación,
tampoco reclamo y menos ansiedad.
Hay sutil reposo, tranquilidad,
y lo que más: confianza.

¿Sentirás tu confianza?
¿Has advertido su expresión?
Y el respiro te lo da,
te da esa convicción, de sentirte,
de creerte, de intuirte, con la confianza que Es.

Has aprendido a lidiar con los juegos de la mente,
le has brindado este juego
y sabe que no podría negarse.
¿Se negaría? Dichosa es.
Obsérvala, descífrala, atiéndela,
porque es quien ejerce la voluntad.
Respira con satisfacción.

El hábitat de tu conciencia,
la que maneja tu estado consciente,
la que sabe y hasta la que regula tu sentir.
Y está ahí, quieta por ti, para ti,
asimilando tu conciencia,
trabajando para ella.

Percibe cómo te asiste, cómo disfruta tu respiro,
cómo sabe producirlo, cómo lo valora,
y lo que logra, mantenerte así,
a respiro consciente, imperceptible,
en estado latente, sensible,
en capacidad de introspección, silenciosa,
y lo que más: velando y amando tu Ser.

No hay memoria, hay constante,
la que activa el respiro,
en medio de este mundo que tan agitado es.
Pero alcanzas un estado de quietud,
de respiro firme, produces amor,
el que necesitas, cuando ves tanto,
quien sabe si odio.
¿Qué calificativo le darías al poder?
¿Crueldad quizá?
Ya ni te preguntas por qué existe la maldad.

Y el respiro te dice, te alivia,
te lleva a la inmersión en tu constante
para decirte:
En mí no quiero maldad.
En mí quiero respeto.
En mí quiero verdad.
Porque conozco lo que mi conciencia es
y la cuido, la trabajo, la educo, la sostengo,
sabiendo que todo es conciencia.

Y allá quien la reduzca, quien se mal disponga,
quien aún persista en dañar.

Es cuando el respiro late
y tu conciencia late en ti,
al ritmo de lo que tu amor es,
de lo que comprendes.

No debatas contra la infelicidad.
No te desgastes con el oculto,
ni siquiera conoces su sombra.
No te pierdas por el desencanto.

Que tu ejercicio propio,
 íntimo, sin aspavientos, te sostenga,
confiando en ti, en la constante que conoces,
operando en ella, reflejando luz,
y obteniendo cada vez más el logro de ser, ser más.

Si miras el mundo mírate también a ti,
aunque no te vean, ni falta hace.
Rodéate de quienes aman,
depúrate cada vez más con tu verdad,
siendo sincero, honesto.
Sé amable hasta con quien te insulta.
Demora el peso, aligérate con fe.

Aprecia esto que eres,
un cuerpo justo y una mente en luz,
y lo que más:
una conciencia que solo quiere amar,
y que remedia daño, agota el dolor,
evita el rencor y se presta, se brinda,
se entrega cada vez más a la conciencia que Es.
Confía en eso, entrega a todo y a todos
a Su conciencia.

Desde tu silencio
agradece siempre a tu amada conciencia,
y procura siempre, amarla más.

Om Namaha Shivaya

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