Quien sabe respirar, ama

Meditación con Mataji Shaktiananda

20·08·2025

Dispénsate toda la atención
y obsérvate profundamente.
Haz revisión de tu interno, de tu ánimo,
de tu sentir, de tu voluntad.

¿Te anima meditar?
¿Sientes tu meditación?
¿Quieres? ¿Te provoca?
¿Desde dónde te dispones?
¿Qué crees necesitar?
¿Buscas algo? ¿Confías en ti?
¿Amas tu respiro?

Disponte desde ahí, amando tu respiro.
Percibe, porque algo ocurre.
Establecer la conciencia ahí,
en esa necesidad, esa capacidad,
esas ganas de querer amarte,
brindan tanto.

Percibe cómo produces tu serenidad,
cómo la vas alcanzando, cómo regulas,
cómo medias entre tus mismas tensiones.
Tu propio respiro te dispensa amor, confía en eso.

Sigue observándote.
¿Cómo es tu tranquilidad?
¿Cómo se expresa?

Recórrete y disfruta esa quietud, es tu logro.
Cómo eres capaz de manifestarte así,
desde lo que tu voluntad es, quedarte ahí,
sabiendo todo lo que mueves.
Cómo se dispone y se desplaza la conciencia,
cómo desde aquí, te ubicas en otro espacio
de tu misma conciencia.
Cómo has aprendido a trabajar tu mente,
y sin mayor dominio ni gobierno, cede,
espera ésto y se serena así,
respeta tu quietud y se aquieta.

Estás presente,
habitas todo este presente,
y existe todo, existes ahí,
y respiras presente con serenidad.

¿En qué presente hoy, se habita ésta quietud?
Solo imagina
quien no tiene ni contiene ésta posibilidad.
Tan solo recuerda algo
de lo que sabes está pasando en éste presente.
Tan solo imagina
a quien ni queriendo, tiene serenidad.
Respira eso.

¿Qué crees logras?
Y considera bien:
existe una Conciencia que habita en todos,
que reconoce y ama a todos,
así no sepas, ni siquiera quieras,
y hasta por eso mismo temas.

Pero tú, ya no.
Por eso sanas, te dispones así,
hasta te abres así, en tu conciencia pura,
atendiéndote y esforzándote de más,
respirando para lo que la conciencia es,
por ti, por todo.

Y arriesgas tu mente,
trabajada como está, ¿para qué?
Para que lo que sea amor, sea.
Para que lo que sea la fuerza, sea.
Para que lo que sea la luz, sea.

Tu respiro atento, fielmente íntimo,
regocijado en su amor,
y como debería: dispuesto a todo.

Sostienes aliento, el respiro cesa,
la mente expandida y la luz reflejada.
Y el amor… esparcido, hecho silencio.

En un mundo así donde tantos hablan,
que tu silencio sea ese amor,
sabiamente elaborado,
humildemente manifestado
y perfectamente puro.
Así trabajas, así quieres, eso logras.
Por eso debes confiar sin restarte.
Quien sabe respirar, ama.

Extasíate, no temas.
Ahí donde estás, reverénciate en gratitud
y no te rindas ni dejes de ser tú,
más, cuando amor has alcanzado.

Respira profundo y acércate de nuevo
a todo ésto que eres,
que vive hoy y que ya sabes,
nunca más morirá.
Conciencia eres, divina conciencia.

Om Namaha Shivaya

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