Un día glorioso

Meditación con Mataji Shaktiananda

29·07·2026

Todo esto comenzó así,
cuando me atreví a pronunciar quizá una súplica,
pero más que eso, una necesidad de conexión.

Algunos quizá podrían recordar
lo que ese pronunciamento era:
”Yo le pido a Dios, Creador de todo,
lo visible y lo invisible,
le pido permiso para establecer en este momento
una conexión angélica y divina,
una comunicación que nos traiga
única y exclusivamente: luz, amor y paz.
Invoco en este santo lugar y en este santo momento
a mis Maestros y guías, a mis ángeles y arcángeles,
a mis muertos y a tus muertos,
para que nos acompañen
en esta conexión con la Fuente,
esperando que se nos traiga luz, amor y paz.”

Así repetí por años esta invocación
y fuimos atendidos, asistidos, acompañados.
En principio
todo me pareció tan mágico, tan increíble;
y agradecí tanto, había tanto por qué agradecer.
Y te confieso que cada vez
que una meditación así se da,
hago exactamente eso.

¿Imaginas todo lo que se nos da?
¿Cómo ha sido esto?
El privilegio en el que habitamos,
se nos brinda, se nos da.

Te lo comparto hoy,
no como una fórmula, menos una técnica,
es para que sientas, percibas,
cómo fluye la verdad cuando la contienes,
cuando te prestas y te entregas así.
Te la brindo, si es que acaso
todavía no tienes algún pronunciamiento así.

Así que respira confiando en ti,
en lo que juntos somos,
en lo que juntos hemos hecho,
en lo que juntos sostenemos,
y en esta realidad creada,
sin aferrarnos a nada ni a nadie.

Respira con todo tu ser,
dale ese alimento a tu alma,
y más desde aquí, para que podamos compartir,
proyectar, a todo aquel que no solo en intención,
sino en su misma alma, está aquí.

Hoy es un día glorioso.
No tanto por lo experimentado,
que ha sido mucho y hermoso,
es porque el Ser se nutre de tu Ser,
en esa maestría que ya has encontrado,
y que parte de tu valentía,
habiendo disipado tanto temor.
Así que respírate ahí,
con lo que creas es la fe en ti.

Si te atreves a pronunciarlo íntimamente,
con toda tu asertividad, dí:
tengo fe en mí, soy la fe misma.
Ya no me temo, sé respirarme en amor.

Respira profunda y pausadamente,
sin creerte nada ni nadie,
ya sabes lo que eres y lo que no.
Ya has despejado y sostienes conciencia,
ya hay aliento, devoción y constancia
hacia lo que eres.

Respira conscientemente
y observa, percibe, tu serenidad
y, de no ser, respira más y mejor.

Percibe cómo ni se atreve
 algún pensamiento turbio, no puede;
ya no existes ahí, a voluntad,
más bien hay una sutil entrega,
porque te estás rindiendo ante ti,
y es así la divinidad: un estado.

Mantente respiro a respiro,
con breves suspensiones, sin forzar.
Se trata de un estado natural, innato, único.
Y entre pulsos y latidos,
controlas sabiamente lo que este manifiesto es,
esta naturaleza tan física.

Controlas la mente, tan etérica,
y lo demás, abriendo ese corazón tan sagrado,
tan conectado, tan correspondido.
Cada latido lo sabe, todo pulso también,
se corresponden.

Te suspendes y el respiro cesa,
y no hay nada ni eres nadie, allá quien presume.
Y es cuando eres toda
una bendición para el Ser,
y no guardas ni ocultas nada, ni pretendes nada.
Hay arrobo, y el estado permanece,
y es el estado del Ser.

Agradeces por la atención
por la asistencia, por la disposición,
por la comunión, por el contacto, por la fuerza.
Y te comprometes a que cada vez
tu entrega será mayor.

Respiras profundo y sabes que estás aquí
contigo mismo y que eres bendito,
que te sabes en el Ser
porque el Ser se sabe en ti.
Respiras más y agradeces más.
Siempre.

Om Namaha Shivaya

Resumen de privacidad

Esta web utiliza cookies para que podamos ofrecerte la mejor experiencia de usuario posible. La información de las cookies se almacena en tu navegador y realiza funciones tales como reconocerte cuando vuelves a nuestra web o ayudar a nuestro equipo a comprender qué secciones de la web encuentras más interesantes y útiles.