Atina tu respiro,
prodúcelo con lo que realmente quieres sentir.
Te vas concentrando, buscando,
ubicando esa sincronía
con tu pensamiento y tu sentimiento,
y que el respiro traduzca.
Calma tu pensar, atiende tu sentir,
confecciona eso,
crea un tejido a tu alrededor que sea sutil.
Si sientes algo denso, respira;
si algo te lo impide, respira;
si algo te desconcentra, respira.
Que ese tejido te envuelva en tu totalidad,
y que respires en él, en quietud.
Que nada más te provoque.
Esta es tu bendita disposición,
y buena parte de tu fuerza, de tu voluntad,
de tu respeto hacia ti, hacia todos.
Hoy cuando tanto se desconoce,
se niega, se atenta, cúbrete de ti,
de lo que tu respiro produce,
y a lo que te lleva, a conocerte, a reconocerte más.
¿Qué tanto necesitas creerte?
¿Quieres creerte?
Como algo, como alguien, ¿lo necesitas?
¿Y si no te creyeras nada?
Y no es que tengas que restarle valor a esa tu naturaleza,
a tu divina humanidad, a tu exquisita materia,
a tu impresionante sistema,
pero una vez estimado, valorado…¿qué?
¿Qué haces, qué quieres?
Y haz que respire.
¿Qué estás necesitando?
Más allá de lo que te hacen creer necesitas.
Créete tu respiro y confía en eso.
Es tanto, es todo, es lo que necesitas,
una vez que entiendes lo que esta decisión ha sido,
llegar, mantenerte aquí, cubrir tu Ser.
Observa tu respiro,
tan consistente, tan breve,
tan infinitamente interno, tan en ti.
Y la valoración entendida,
comprendida, aceptada, más que vivida…¿creída?
Tendrías que ver, hacer justa medición,
concretar estado, y lo que más: amar tu conciencia,
la que no necesita de tu creencia,
la que está activa, la que sabe que estás aquí
y el esfuerzo que haces por saber, por estar en todo.
Entonces, ¿qué te pasa, qué te ocurre,
cuando ves el estado de esta conciencia,
de la que parte eres?
¿Qué te provoca?
¿Qué has sabido contemplar, considerar?
Y más te vale que sea conmiseración lo que sientes,
la que se expresa y se expone
con humildad y bondad.
Sin apelativos comunes, trillados, restados,
más bien, con tu principio íntimo de verdad.
La que sientes, la que te conmueve,
la que cada vez te permite más, ser más,
la que reposa sabiamente en ti,
la que vela por tus actos,
la que modula tu sentir,
la que te permite sostener calma, hablar en paz,
la que te hace estar aquí, así.
La que no exige que creas nada,
la que se refleja en tu latir.
Quédate ahí,
desoye el descontrol, no avives la inconsciencia,
ni reniegues ni culpes, hazte en tu paz,
ni juegues a tantos intentos de refrenar la miseria.
Estos tiempos pavorosos
que no te hagan temer, al contrario,
haz consistente tu valentía,
y que la infamia arrastre a los cobardes,
por creencia, veneración o culto.
Nunca a tu Ser.
Haz que lo único que pueda elevarse en verdad
sea tu conciencia, calma y resuelta,
firme y eterna hacia los espacios del Ser.
Y ese tejido que te cubre,
bríndaselo, no te quedes con nada.
Ama Eso, que Eso te ama.
Om Namaha Shivaya


