Respira y obsérvate.
Haz íntimo recorrido por ti, siente tu presencia,
el espacio que ocupas, pero lo que más: tu sentir, tu presencia,
y ésta tu voluntad, de querer hacer esto,
respirar, serenarte, establecerte en conexión, para seguir.
Así que respira con tranquilidad, sin forzarte,
sin esperar nada, simplemente latiendo en ti.
Deja que tus pensamientos sucedan, no los evites,
acéptalos, que te recorran, y sepan en lo que andas.
¿Crees que ahora pensamos más,
habiendo tanto en qué pensar?
Todo lo que surge por ahí,
de lo que quieres informarte y de lo que no,
de todo lo que te alcanza, sin poder resistirte,
y el afán de visibilizarlo todo, como sea, como si no supieras.
Eres un ser tan perceptivo,
tan capaz, tan sabio, si no, no estuvieras aquí.
Y has elegido esto, seguir conociendo y reconociendo todo,
más, lo que contienes y lo que te sigue trayendo aquí.
No es difícil intuir, en cierta forma amas todo esto,
te genera una fascinación toda esta complejidad,
que se ha ido, cada vez, complicando tanto.
Y no es que llegues a disfrutarlo:
registras, te vas dando cuenta.
Si te propones,
comprendes más lo que es esta naturaleza humana,
lo que ha ido sucediendo, de respiro en respiro,
y ahí el tuyo, hoy sereno.
Piensa bien, ¿no te has cansado?
Y lo que te contestes habla de ti, de tu fuerza,
de tu capacidad, de tu entendimiento, tu disposición.
¿Crees que has agotado la experiencia?
¿Qué es lo que más te conmueve de toda esta humanidad?
Este desafuero, esta inconformidad,
todo esto que pareciera crisis y termina siendo caos.
Porque las crisis pasan,
pero este caos persiste, y lo respiras.
Respiras buscando calma, algún sosiego,
y te preguntas con fervor: ¿qué nos pasa?
¿Qué tanto más queremos?
¿Qué nos incomoda tanto?
Observa tu respiro,
tu condición hoy, tu respuesta hoy.
¿Qué estamos haciendo en toda esta inmensidad,
este vastísimo planeta, este inexorable Universo?
¿Qué estás haciendo?
Y tu respiro, tu fuerza,
para lo que debes discernir, actuar.
Eres partícipe constante en todo esto,
y tienes que observar a conciencia toda acción,
todo gesto, detectar los vicios,
-más los humanos- y comprenderlos.
¿Está viciada la conciencia?
La que es, no.
Resiste el caos, determina la fuerza,
eleva la constante y sostiene Ley.
Y lo sabes, por eso eliges, por eso estás,
por eso te piensas, te observas, amándote así,
reponiéndote en fuerzas y abriéndote
en conciencia ante esta humanidad.
No te desorientes, no prefieras abatirte ni condenes.
Sé cada vez más despierto, más benevolente,
más capaz de aceptar lo que esto es
porque ha sido tu elección.
Eres en tu elección.
No mires al mundo, a nadie, con desprecio ni pretendas juzgar,
adelántate expresando tu libertad
que es no temer, a nada ni a nadie,
menos a lo que crees es dios, porque conciencia es,
y, hasta donde sé y resolvió, es ser siempre amor.
Piensa en eso, siente eso, sé eso.
Respira profundo, sabiéndote aquí,
tan presente, tan entendido, y tan amoroso como puedas.
Agradécete siempre esta fuerza de voluntad
para saber estar en ti, y desde esta serenidad,
saber seguir, siempre.
Valora tu Ser, confía en ti, vive presente, vive.
Om Namaha Shivaya


