Alimenta sanamente tu respiro,
depurando pensamientos,
y no cediendo a ninguna tensión.
Moviliza internamente ese prana,
y percibe sutilmente lo que produce.
Eleva conscientemente esa respiración.
Primeramente céntrate en el Anahata
y respira desde ahí, a corazón puro.
Visualiza lo que reside ahí,
cómo se ubica, y pronuncia alguna razón
sobre tu corazón,
la mejor que puedas elaborar, y que sientes.
Centra tu respiro.
Irriga ascendentemente hacia Vishuddha.
Tu voz, tu palabra,
tu pronunciamiento, tu verbo.
¿Qué tanto dices? ¿Qué tanto hablas?
¿Qué argumentas ¿Qué defiendes?
¿Cuánto atacas?
Respira ahí, pronunciando internamente
el sonido primigenio, produciendo vibración,
un Om íntimo, interno, casi mudo.
Inténtalo.
Percíbete y sigue elevando hasta Ajna,
tu visión interna, tan insondable,
tan profunda, y logra el Shambhavi mudra,
confluye ahí, en tu mirada eterna,
desde donde has visto todo,
te has visto siempre.
Respira así, mirándote, mirándolo todo,
tan consciente.
Respirando así, abre el Sahasrara
respiro a respiro.
Respiro a respiro, tu inmensa ventana de luz,
tu inmenso cielo, tu extendida cúpula
hacia tu expandido Ser.
Respira tu quietud, tu voluntad,
tu esfuerzo, tu concentración,
tu atención, tu entrega.
Permanece así en ese contacto contigo.
Nada que pensar,
solo el respiro, y esa tu percepción de ti,
contemplando tu Ser, conociéndolo,
sosteniéndolo, habitándote, viviendo,
entregándote a lo que realmente sabes eres:
esa conciencia, ese estado,
ese espacio inimaginable
en el que todo eres, todo.
Y te das al encuentro, lo vives,
lo registras, y respiras.
¿Qué tienes? A tu Ser.
¿Para qué? Para entregarlo.
¿Por qué? Porque ni siquiera es de ti.
Respiras ofrendándote
en lo que eres, como eres,
y en todo lo que tienes.
Y tu silencio exclama:
tómame, soy de ti.
Respiras y pareciera que estás ahí,
no siendo así.
¿O crees que es nuestra tanta plenitud?
¿Aquí?
Y es el juego de esta existencia.
Y mientras más preciso,
claro y exacto seas: más alcance,
más desprendimiento, más elevación,
más Nada, liviandad, sutileza.
Es el compromiso, es el acuerdo,
es la promesa, es la verdad.
¿Cuánto te has dado?
¿Cuánto crees que es así?
¿Acaso crees en el tiempo?
El respiro en total dicha,
y tus puntos perfectos,
en línea con lo que el esplendor es.
Tú, siendo Luz.
Tú, en éxtasis.
Y el corazón tan vivo,
latido a latido,
pulsando tu sentir,
olvidando la razón…
Olvidando la razón por la que late,
se pliega al latido mismo
de lo que el Ser es.
Conciencia a plenitud.
Es así que produces tu amor,
tranquilamente, en serenidad,
confiando, atendiéndote, registrando,
y estimando tu Ser,
sin reparar en nada ni en nadie,
pero eso sí, proyectando a todo y a todos,
lo que eres.
Y el sentimiento:
que solo sea amor lo que late.
Respiras profundamente,
avivándote, imaginándote ya aquí,
tal y como eres, tal y como te ven,
tal y como sientes,
considerando el momento, el espacio,
tu fracción, en la constante que Es.
Respiras en gratitud.
Acércale a quien quieras,
pero más a ti, un pensamiento.
Te cuento el mío:
hermana querida, alíviate.
Que los ángeles te besen cada día
y te sanen tu corazón, que es el mío.
Respira profundo.
Om Namaha Shivaya


