Respiras consciente, ubicando un ritmo en ti,
que te vaya generando quietud,
sosiego, tranquilidad.
Atiende bien tu respiración,
que te ocupe, y así, todo lo demás se ordena,
sobre todo tu mente,
que la mantienes ahí, atenta al respiro
y queriendo saber qué le produce.
Si es sabia, se complace.
¿Crees que tienes una mente sabia?
Y no se lo preguntes, solo siente.
¿Crees que es sabia por lo que sabe pensar,
por lo que quiere pensar,
por lo que cree necesita pensar?
Y a manera de secreto, dile:
sabio es mi sentir,
ese sentir que sabe cómo quiere estar,
cómo ha sabido asimilar todo esto;
quien acepta ya lo que está propuesto,
quien entiende bien lo que soy y quiero.
Mi sentir es sabio.
No necesita noción, conocimiento,
más que saberse en mí, sentirme a mí,
reconocerse en mí.
Es mi sentir quien respira,
quien me respira y quien se deja respirar,
de tan sabio que es.
Muchos creerán que todo saben,
y hablan, vociferan, gesticulan, se atormentan.
Ni siquiera imaginan que sabio es el silencio,
el que no oculta, ni emite ni omite nada.
Y el respiro que sabe tu sentir
y se produce, sabiendo que es aliento,
sabio por lo demás.
Dirás, ¿cómo siento mi sentir?
Y en momentos así,
se sabe innecesario, de tan sabio que es.
Te deja, te suelta,
no pretende aprisionarte ni condicionarte;
te libera, de tan sabio que es.
Y no es que se reduce,
se amplifica, reduciendo latir.
Dirás, ¿qué es lo que me siente?
¿No es mi latir?
¿No es ese pulsar?
Es tanto más…
Es que manejas otras instancias y vibras ahí,
y lo propio es no sentir,
aminorar ese latir, pulsos en cesación;
y en ese mínimo aliento, el Ser,
el maravilloso Ser,
el soplo de la conciencia.
Y te suspendes ahí,
creando el tiempo, el único posible,
el instante vital del presente único,
en el que se conjuga todo,
todo lo que existe, y lo que más:
tu sustancia de amor,
tu sabia sustancia de amor;
la que ya no ignoras, ni rechazas ni niegas,
la que te habita sabiamente
y te recorre y te agiliza en la vida que eres,
en la conciencia que formas.
Dime, dime, dime:
¿qué más necesitarías?
¿A quién?
Dime, déjame saber
¿qué o quién te perturba?
¿Quién te ha herido?
¿Quién se atrevió?
Sin haber sabido que nunca fue a ti
Dime, ¿quién te ha mentido?
Sin primero haberse mentido a sí mismo.
Dime.
Dime de tu dolor
Acuérdate: sabio es tu sentir,
así que respira firme,
respira profundo, respira en tu razón,
y agredécete, agradécele a tu mente
por su disciplina y su amor.
Confíale siempre tu verdad
y así se sentirá sabia.
Tú, respira siempre en tu verdad,
para que sabio seas.
Ya no discutas, ya no te vengues,
no permitas que la maldad irrumpa,
desafía sabiamente a tu temor,
y condúcete siempre hacia lo que sabes eres.
Sabio es el amor.
Om Namaha Shivaya


