Respira consciente, agradeciéndote cada respiro
y toma lo suficiente con anhelo, libertad, fuerza.
Expira lo que te aturde,
te descoloca, te saca de ti, que se vaya.
Mantente absolutamente presente,
más allá de lo que crees es esta realidad, tu realidad,
que hasta bien sabes, no es tal.
Establece tu presencia respiro a respiro, percibiéndote.
Que todo respiro calme tu mente
y la lleve a lo que es:
el respeto puro a tu conciencia,
la que la acoge con bondad
porque has trabajado.
Date cuenta, hazte consciente de lo que haces,
cómo te vas disponiendo ante este contacto,
repara en tu ánimo,
y, con el respiro, revitaliza tu fuerza,
y lo que más: entrega.
Has aprendido, has recreado esa forma de estar aquí,
sabiendo donde habitas, todo lo que ocurre,
y lo que has querido establecer en ti,
el propósito que has ganado,
las decisiones, y cómo te has fortalecido.
Ya no te asusta tanta miseria,
tanto desamor, tanto engaño,
y lo que te ayuda y sostiene el respiro.
Has aprendido a observar
con menos tensión y juicio,
pero detectando, registrando,
lo que persiste por ahí.
Y ya no entras en enfado, tampoco en resignación,
menos en justificar, pero entiendes y te compadeces
de lo que todavía busca expresar
tanta condena, tanto desacato,
tanto vicio de conciencia.
Ya no hay escándalo,
y el respiro que te ayuda.
¿Te acuerdas cuando
te ruborizabas ante tantas inmoralidades?
¿En qué ha quedado aquello que se llamó moral?
Respiras y sostienes tu Ser con valor,
con tu principio, con tu ética,
sin engañarte, sin exaltarte, sin fingir.
El respiro que te ayuda,
y lo que siempre debería ocurrirte: conmoverte,
percibirte en bien, confiar en ti,
no quebrarte, no dejarte romper,
menos por quien se castiga en su vacío,
en su desamor, en su egoísmo, en su desubicación.
Respiras tan sutilmente,
y te mantienes y te llamas al silencio.
Llama a tu silencio.
Si supieras cuánto le gusta a tu mente tu silencio,
tanto como a ti te gusta el suyo.
Cuando sabes respirar tu silencio,
ya no respiras. Prueba.
Aquel prana que contienes
se enriquece, se informa,
se compromete a sanarte en silencio.
¿Sabes cuánto sana el silencio?
Y no el que calla, el que todo dice.
Respiro mi silencio
y eso es tanto tu verdad.
Te vas expandiendo, extendiendo,
liberando de tanto ruido,
de tanto escándalo inmoral,
de toda amenaza sin saber la Ley.
Confía en eso,
nada oculto, nada oscuro, nada turbio
podrá rozar tu amor en Ley.
Respira profundo sin aferrarte a nada,
ni siquiera a tu silencio,
retorna a este momento, a este lugar,
hazte presente, percibe tu cuerpo tan maravilloso.
Ni retengas el momento
ni permitas que el momento te retenga a ti.
Respira libre y agradécete siempre
tu hermosa voluntad de querer ser en ti,
por ti, para ti,
y desde ahí, ser en todo, ser en todos.
Respira profundo,
consagra tu Ser y no permitas
que quien desconoce el amor te perturbe.
Resuelve aliento e insufla amor,
es lo que más se necesita.
Om Namaha Shivaya


