Sitúate en ese espacio que ocupas,
ve asentando ahí todo tu Ser, respiro a respiro,
percibiendo así lo que tu presencia es.
Atiende tu capacidad de percibirte:
cómo te sientes, cómo has aprendido a estar,
a permanecer ahí, en lo que tu sistema es;
cómo lo has tratado, con cuánto cuido.
¿Qué tan consciente estás de ti como conducto?
Y cómo sabes reforzarlo, brindándote momentos así
en que el respiro lo es todo,
siendo tu más preciado alimento.
Así que ve estabilizándote, asentándote,
que no por costumbre, al contrario,
por querer explorar, disfrutar,
de lo que tu interior es.
Y el respiro que te pauta cada instante,
te produce el tiempo,
te valida la vida y gesta tu existencia.
Te observas con afanosa atención,
advirtiendo cualquier tensión, quebranto, latencia,
que pueda inquietarte, incomodarte.
Pero para eso respiras,
sin permitir asaltos mentales,
más bien disfrutando de todo
lo que te permite esta voluntad,
este estado en el que tu conciencia se reconoce,
se atreve a necesitarse y anhela expresarse.
Te recorres con el respiro
y vas disolviendo cualquier cosa,
hasta una molestia física, para que se olvide.
Y ahí estás, manifestado en tu Ser,
tomándote en cuenta, registrando el instante,
y aunque no lo sepas, adquiriendo fuerzas.
Respiras con intensidad,
con soberanía propia y con encanto.
Y sigues avanzando, que los sentidos cedan,
que no sientas nada, que no escuches nada,
que no huelas nada, que no veas nada;
y que te degustes desde el aliento que eres,
y quedes instalado en tu propio vórtice,
en el que el silencio te envuelve en la constante
en la que todo ocurre.
No percibas nada,
lo más importante que ocurre es tu Ser,
todo lo que configuras, todo lo que pasa en ti
y que el gran motor es esa respiración
sutil, consciente, atenta,
que modula tu mente, controla tus sentidos
y establece tu peso gravitacional,
y que juega en el estado del Ser
que eres y al que perteneces.
Que ha sabido extasiarse en la distancia posible
que este plano brinda para ser, para reconocerse,
para habitarlo y para entender
qué es y de qué se trata todo esto,
que transcurre así, lo que una vida es,
unas formas, unas relaciones, unos intereses
y hasta unos conflictos.
Y que todo está, pero todo se organiza
por lo que la Ley es.
Tu vida pertenece también a una Ley,
y el respiro evoca toda esa Ley.
Respira sabiendo eso.
Imagina cuántas dimensiones
puedes atravesar, trascender incluso,
en este estado en el que te la juegas toda
para conectar, para activarte con todo eso de ti
que habita aquí al mismo tiempo que vives así,
con tu escena, con el personaje elegido, y actúas.
Pero así como estás, el respiro comanda,
te desarmas, te desarticulas, te despersonalizas.
Y es cuando tu energía se revela, ¿o no la sientes?
Sabiendo lo que es en realidad, en verdad,
y alcanza a liberarse de ti, alcanza a ser.
Y se reatomiza, ¿o no lo sientes?
Es todo tan sutil,
y se da tu reactivación, tu contacto,
aunque sea breve y te desplazas,
entonces habitas y te instalas
en la conciencia que Es.
Y ocurre, percibes todo y nada,
no existe el pensamiento aunque viva,
no existe el respiro aunque se produzca.
Y te obtienes, eres el Ser,
conciencia pura, sin todo este artificio tan denso,
y a veces tan oscuro.
Y resplandeces,
te coordinas con todo,
por muy rancio que parezca todo.
No hay nada que distinguir ni discriminar,
ni rechazar ni enjuiciar.
Permaneces ahí, ¿dónde?
¿Dónde estarías? En ninguna parte.
La conciencia no busca cabida ni la necesita,
no reclama forma, no expresa nada.
Es solo ahí cuando te pronuncias
sin ser nadie, bajo ningún nombre,
ni denotando forma, tan solo ese mínimo respiro
que aliento es del Ser,
y es lo único que te impide no volverte a ver
tal y como a veces te concibes:
tan perdido, tan desesperado, tan combatiente,
tan obtuso, tan mentiroso, tan desganado,
haciéndote cualquier finta para caer, para desconocerte,
y hasta para herir en lo que consideras es tu daño propio,
al que no le ves escape.
Entonces acusas, responsabilizas, culpas.
Es cuando te toca respirar más,
salir de algún instante supremo
y reconocer tu miseria, con la que todavía lates,
¿o ya te sientes liberado?
Cuidado.
Solemos confundirnos y estamos tan demorados,
así que respira con ese mismo aliento
que el Ser es.
Respira a profundidad, ya sabes lo que queda:
comprometerte y prometerte ser quien eres,
abandonar el fracaso, obrar en bien,
mantenerte en luz, sentir y ser el Ser,
y no escatimar en lo que consideres el amor es.
Respira más y convéncete de ti,
es lo único de lo que tendrías que estar convencido,
de ésta tu existencia, de la vida elegida,
y de tu capacidad y tu poder
de amarte siempre, y amar más.
Confía en eso confiando en ti,
rescata tu verdad.
Considéralo.
Respira en gratitud, respira en tu bondad,
mantén el logro y respira así siempre,
consciente como eres.
Om Namaha Shivaya


