Haz cada respiro sereno, muy conscientemente.
Obsérvate paciente y amorosamente respira
y disfruta eso, celebra tu respiro y agradécelo también.
Percibe cómo te vas despejando,
cómo tu respiro te gana, gana tu atención,
tu percepción, tu observación, gana tu sentir.
Todo lo que te produce, esta quietud,
este sosiego, esta calma, y lo que más,
este entusiasmo por ti, por tu vida.
Aunque no registres eso, procúralo: entusiasmo,
lo que es a su vez una fuente de tanto.
Cuando lo pierdes te apagas,
y cuando lo estimulas, te iluminas.
Y tu respiro insufla a tu entusiasmo.
Respiro a respiro,
tu entusiasmo crece.
Respira con entusiasmo
y observa cómo te regula,
cómo se va distribuyendo,
cómo ilumina tu pensar, tu sentir.
Cómo el cuerpo cobra aún más vida
para sostenerte, y a quien más, es a tu alma,
tan firme y constante.
¿Te atreverías a decir: tengo un alma entusiasta?
Respira para eso.
¿Tengo un alma entusiasta?
Y que sabe lo que más le entusiasma: ser.
Y el respiro vibra, y vibras con tu respiro,
de entusiasmo, de confianza, de respeto, de amor.
Y el respiro tenue, mínimo,
sostenido en el encanto de tu entusiasmo.
¡Qué maravilloso ser eres!
Y que te lo diga tu respiro,
porque ¿sabes qué?,
tu respiro debería decirte tanto,
y entiende bien, lo que más y mejor
debería decirte es: el silencio,
ese acallamiento a tu mente,
ese aliento puro de saber y querer
sentirte en el Ser,
esa sustancia tan propia que te permite tanto,
que te lleva a resplandecer.
Y te suspendes, gravitas,
y es tu mente quien lo hace,
entusiasmada como está contigo.
Y es cuando tan amada, tan respetuosa,
te acepta todo, se abstrae, se entrega,
se da a ti y te hace presente,
te mantiene presente.
Y se produce tu destello,
sí, de aquí, desde aquí, hacia todo lo que es,
con todo lo que eres.
¿Hacia dónde vas?
A ninguna parte, hacia nada,
que es hacia ti.
Restableces el respiro, profundo, consciente,
te sujetas a ti sin aferramiento,
te sientes en este cuerpo,
y respiras a todo pulmón,
con entusiasmo de vida,
con tu mente activa, con la fuerza de ser
y esas ganas de hacer el bien, acción por acción.
Sin engaño ni autoengaño,
sin juicios ni prejuicios, sin maldad,
la que ya conozcas.
Respiras prometiéndote ser quien eres,
con firme entusiasmo de transformarte
si es que algo pesa en ti.
Sé firme, sé constante, sé leal.
Om Namaha Shivaya


