Permanece atento a tu respiración,
a lo consciente que la haces.
Que cada respiro sea producido, sentido,
y precisamente lo que te produzca sea calma,
para que puedas disponer tu mirada
hacia lo interno y puedas encontrarte ahí,
en esa inmensidad,
que desde tu calma puedas hallarte
desde lo que el respiro es.
El mismo respiro te aquieta
y va estabilizando tu mente.
No es que la reduzca en nada,
se amplifica desde cada pulso mental,
desde lo que ocurre ahí, esa movilización neuronal.
Todo se va aquietando,
tus ojos se aquietan, la lengua también,
y es quietud aunque nada cesa,
todo sigue operando ahí,
dentro de ti, en medio de ti.
Vas produciendo, asimismo, plenitud,
una satisfacción tan sutil, sin exaltación,
sin ninguna emoción más que este recogimiento,
esta interioridad, y los mismos pensamientos se modulan,
te piensan a ti así como estás, como eres,
se te ofrendan y hasta se rinden ante ti, por ti.
Ni se sienten presos ni bajo presión,
ni una cruda exigencia, al contrario,
se entregan al Ser que eres.
Saben quién eres.
Y el respiro breve, tan íntimo, tan sereno,
es una comunión entre el respiro, el pensamiento,
y tu más elevado sentir.
Ni un solo sentido se presenta,
el sentimiento es del alma,
que no necesita sentido ninguno,
más que ese sutil alimento que tu respiro es,
tan consciente como es, tan voluntario, tan exacto.
Hasta los pensamientos los regula tu alma,
en calma, sin tensión, sobresalto, ansiedad.
Quiere estar así, en quietud, en silencio.
Es una estancia y permaneces ahí.
Es igualmente una instancia creada por ti.
¡Cuánto espacio sin tiempo alguno!
Y el respiro-aliento del que te nutres,
y el alma en gozo, así guardes pena,
así te desgarre el dolor, así te sientas morir.
El alma resiste sin resentir
porque está sujeta a lo que el Ser es,
más que a esto, a lo que crees eres,
a lo que crees padecer, sufrir.
Compruébalo.
Habitas en otra realidad, eres ahí,
aunque juegues todavía a esta irrealidad
y te conformes, y hasta actúes,
sobre todo para que los demás lo crean igual.
Suspendido el respiro, innecesario.
El alma no respira.
Sostente.
¿Hasta cuándo el temor y lo que su desdicha es?
No te prestes ni cedas.
Que se confundan los demás, no tú.
Confía, porque en cada alcance eres más,
te pronuncias más, te conoces más,
te permites la exactitud, el equilibrio, la templanza.
Expande el aliento.
¿Y qué existe? ¿Quién?
Y sabiendo bien que todo y que todos, complácete.
En el mundo estás, con sus atrocidades,
que las contemplas, que te conmueves,
y que sabes bien que hay tanto que hacer,
tanto que amar.
Entonces respiras porque esta vida es y la vives
como quieres y como es,
atento a ti, respetando a todo ser,
evitando caer y obrar en vacíos,
asistiéndote de luz y hasta clamando también,
para que exista más conciencia en luz,
más fuerza, más bien.
Respiras más y pronuncias un sentir del alma,
para ti y para todos,
y produces luz desde lo que tu amor es.
No es porque lo digas,
es por lo que eres y por lo que harás.
Proponte siempre, realiza, combina acción, ama más.
Om Namaha Shivaya


