Hazte presente
y observa atentamente tu respiración.
Asimismo ubícate bien en ti,
agradece este cuerpo,
que también se desplaza,
te lleva, te conduce,
te proporciona, te posiciona.
Respira en él, para él,
por la salud que le produces.
Atiende el respiro.
Observa tu ritmo,
para que puedas manejarlo,
mitigando ansiedad.
Ocurre muy al principio,
cuando ya sabes que esto quieres hacer.
Es hasta sano,
guardarnos en un poco de ansiedad
hacia uno mismo.
Un poco de emoción, hasta alegría.
En medio de todo,
siempre un logro es.
Así que respira
y permítete ahondar, profundizarte,
desplazarte hacia adentro,
soltar el cuerpo.
El respiro que llena,
que inunda tu mente,
le avisa que estás así, aquí,
en quietud, en silencio,
hasta en expectación,
logrando un momento y un sentimiento
de amor por ti.
Dime, entre todo lo que haces,
¿qué es más que esto?
Dirás: asisto, cuido, consulto,
produzco, me relaciono,
ante esto que Es.
¿Cómo crees que eres capaz
de hacer todo lo demás bien?
Obsérvate.
¿Qué logras?
No te conformes con el sentimiento,
amplíalo, abarca, no te limites.
Haz que todo tu interno se expanda,
y empieza así, con ese sentimiento,
pero haz más.
Somos tan capaces,
más, si has trabajado
tu íntima bendición: ser esto.
Más, cuando obras bien,
te conoces, te presentas ante ti,
te respetas, y sabes respetar
cuando te expresas,
y es lo que sientes, no mientes ni te juzgas.
Respira, y empieza a ocurrir tu suceso,
tu sano y justo desplazamiento.
Deshabitas el cuerpo y te elevas
a dimensiones distintas,
accesibles, posibles.
Y percibes lo manifiesto y lo inmanifiesto,
la creación y la recreación,
lo que existe más allá de todo esto,
tan en ti, tan de ti, tan perfecto,
tan lumínico.
Ni situación existe, nada,
y es cuando puedes obrar más.
Es cuando te potencias, te reconoces,
y te digo en bien: puedes.
Te despersonalizas, y produces la piedad,
testigo como eres,
de todo lo que ocurre aquí.
Que te alcance tu amor.
¡Qué sufrimiento hay! ¡Qué miserias!
¡Qué desgracias! ¡Qué egoísmo!
¡Qué ignorancia! ¡Qué desprecio!
Y ahí siendo quien eres,
estando donde estás,
donde quieres, donde puedes:
dispensa amor.
Proclama paz,
porque mientras el sentir sea maldito,
no se podrá.
Lo sabes bien, no es castigo,
no es impiedad, no es abandono.
Es verdad, es Ley.
Dirás, ¿y mi amor?
Pronúncialo, ejércelo, entrégalo,
no renuncies mientras vida tengas
y hasta que trasciendas.
Que tu respiro pronuncie amor,
confía en eso.
Si quieres podrás, y si verdad eres.
Respira a profundidad
complaciendo a tu cuerpo,
tan amable y bondadoso.
Prepárate para volver
y seguir en esta experiencia,
la que cada vez comprendes más
y resistes más.
Agradece tu respiro, tu silencio,
tu quietud, tu contacto
y tu voluntad.
Respira profundo
y compromete tu Ser a lo que eres,
a nada más, a nadie más.
A la luz que Es, a la fuerza viva,
a la buena acción, a no dañar.
Reconócete, reafírmate.
Om Namaha Shivaya


