Revisa tu relación contigo

Meditación con Mataji Shaktiananda

16·04·2025

Respira con cierta intensidad,
tanto para inhalar como para exhalar,
así que también acelera un poco el ritmo
y respira firme, oxigenándote.

Aprecia el tono ambiental,
lo que la naturaleza dice,
exclama, manifiesta para ti.
Medita sobre esos sonidos,
interiorízalos y, por encima de todo,
agradece tal presencia,
tal comunión, tal compañía.

Por sobre todo, escucha.
Escucha lo que es, lo que existe, y escúchate a ti,
en tu más dulce expresión de tu silencio,
y sosiega los pensamientos,
que cada respiro los vaya diluyendo
y optes por el entorno,
haciéndote uno con tal sonoridad y el tono.

Místico momento,
ante tal profusión de creación en la que habitas,
siendo eso que eres, guardando quietud,
produciendo tu sonoridad
con este silencio que marca tu respiro,
y esta aventura, esta divina aventura
de colocarte en tu presencia, en un espacio así.

¿Cuál sería la necesidad
que te sobreviene ante tanto?
¿Qué crees necesitar para integrarte,
si en ti mismo eres tanto, igual?
Eres una hermosa naturaleza, esa excelsa criatura,
eres un ser pensante, sintiente, y estás presente,
te has atrevido a habitar, a vivir, a interactuar,
a relacionarte, ¿con qué, con quién?

¿Desde dónde se expresa tu voluntad,
tu forma de relacionarte?
¿Quién se te acerca? ¿A quién reconoces?
¿Cómo eliges? ¿Cuál sería tu necesidad?
¿Qué mecanismos, cuáles recursos
empleas en las que tus relaciones son?

¿Empiezas por las tuyas o por las del otro?
¿Conoces acaso bien tus necesidades?
¿Las sientes así, necesidades? 
¿O son tus vicios, excesos y hasta exabruptos?
¿Cómo vas e irías definiendo lo que necesitas?
¿Al relacionarte
pretendes dispensarlas o recibirlas?

¿Cómo armas una relación?
¿Qué necesitas para establecer una relación?
Más allá de lo que filial es,
y si es que acaso desde ahí igual sabes ser tú,
a partir de lo que eres y crees necesitar,
así como lo que se necesita de ti.

Y cuando te digo armar, es por cómo te dispones.
¿Cuál es tu forma de relacionarte? ¿Natural acaso?
¿Espontánea, libre, transparente?
O, por el contrario, ¿regulas, marcas intereses,
finges lo que crees necesitar o incluso abusas?
Y respiras. Y respiras. Y respiras.

En el respiro, siente tu relación contigo,
en lo vital, en lo necesario, en tu reconocimiento,
y en lo que conoces de ti.

¿Cómo te relacionas contigo?
¿Cómo te tratas? ¿Cómo te comunicas?
¿Qué te dices? ¿Qué te escuchas?
¿Qué reprimes? ¿Qué escondes?
¿Podrías acaso esconderte algo?

¿Crees que podrías esconderte algo?
Sabes que no.
Por eso,revisa bien tu relación contigo,
hazla sincera, verdadera, confiable.
No vaya a ser que te traiciones,
y eso acarree lo que bien sabes.

Respiras y sientes tu relación.
Exprésate lo que sientes, di algo de ti, para ti.
Confiésate alguna verdad, o alguna mentira,
y debes trabajarlo.
Hay tanta gente que se sabe en su verdad,
y por eso uno no se relaciona
con quien mentira es.
Lo sabe, lo intuye, lo siente, y hasta lo padece.
Y, lo que creas engaña,
que puedes engañar, no pasa.

Y el respiro tan firme, tan intenso, tan verdadero.
Y esa tu relación con tu respiro, tan auténtica,
tan necesaria, que es, ante todo y al final,
lo que te permite ser quien eres.
Relacionarte, confiar, porque con tu respiro creces,
sabes, sientes, intuyes,
comunicas, contactas, existes,
y te lleva a con quien sabe
y quiere respirar como tú, 
su propia verdad.

Los respiros se relacionan, y son lo que son.
Por eso tu respiro dice de ti quién eres.
Y es cuando, en resonancia y vibración,
haces relaciones, 
sientes relaciones, juegas a relacionarte.

Y los respiros no mienten, son lo que son.
Por eso, conoce la naturaleza de lo que tu respiro es,
y te conocerás más, y sabrás más de ti,
y sabrás trabajarte, depurarte, sanarte,
amar, amar, amar.

Por eso, aprecia lo que estos respiros son,
en tu propia calma, en tu propia razón,
en tu silencio mismo, en la fe que te guardas,
y el amor que sientes por ti.
De allí que sepas entonces
con quién relacionarte y a quién amar.

Créeme, hay demasiada alteración,
demasiada maldad, demasiado juicio.
Te agradezco tu silencio que tanto me dice.
Perdona mi verbo, que a lo mejor nada te dice,
y, si puedes, siente el amor que te guardo.

Om Namaha Shivaya

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