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PLAN DE VUELO 2023

Esta Escuela es el Plan logrado

Esta Escuela es el Plan logrado

Proponer un plan nunca ha sido la idea,
más bien se trata siempre de retozar
sobre el plan brindado por la vida.
Retomar cada año con valentía la consecución

-tras revisión consciente-
sabiendo que el plan es uno,

aunque se ignore, se desconozca o se atrase.
El Plan es uno.

A manera de descarga

Esta Escuela subsiste sobre, pese y por la abstracción existencial de la vida y por ende del ser, el ser en su más simple y excelsa naturaleza y belleza. Esta Escuela es una ruta en medio del transitar humano y ha resultado “amorosamente exigente”, condición que emerge tras el tanteo de lo circundante, de lo observado de toda esta realidad transitoria y circunstancial, incómoda y tantas veces impuesta, por lo demás, como forma de vida.

 

A razón de esto, la sensación de recrear el plan se ha ido agudizando, día a día, a sabiendas que la impostura colectiva no luce como plan viable. Esta Escuela vibra en la resonancia sutil de una invisibilidad con total posibilidad de percepción y alcance íntimo. Esta Escuela es el plan logrado para el alma y la consciencia. Es el plan para ser ese “Dasein”, sobre la filosa abstracción “Heideggeriana”, quien tras rumiar nociones védicas, platónicas, aristotélicas, hegelianas y de cuanta alma hurgó en sus entrañas para obtener el sentido del ser, ofrendó esta fascinante idea, ubicándolo en ser-en-el-mundo, en su existencia toda.

 

Sin llegar a complejizar hasta esos extremos la naturaleza de nuestra existencia, sabemos que el ser, su vida, su existencia toda responde a un plan, que no armado, más bien, con posibilidad de juego y expansión.

Contraste y balance

 

Esta Escuela es el plan logrado para el alma y la consciencia. Me atrevo a decirlo así de entrada y abiertamente. Desentendida de lo que produzca o tiente como materia refutable para algunos. Alejada igual de fanatismo o dogma, religiosidad o adoctrinamiento. Cuando un camino así se abre es la libertad lo que se revela, dada como renuncia y entrega, palabras incomprendidas por quienes no la experimentan como medio de expansión de consciencia y liberación.

Este par de años, en vísperas del tercero, estimando lo producido por la pandemia, he evidenciado lo difícil que es y seguirá siendo mantener la fuerza de la constante, aceptándolo como ejercicio de resistencia y aguante. Cuando se me dio aquel “seguir siempre”, pensé que era un estímulo circunstancial, pero se ha convertido en un mantra vital. Sin soltar la capacidad de contraste y balance, ha sido titánico sostener un conducto de luz que resista la penumbrosa arremetida humana.

Nuestro sentimiento es Babaji

 

Se ha hecho un esfuerzo para que todo iniciado de esta Escuela experimente este sentimiento, y seguiremos. De ahí el sentimiento propio dispuesto hacia el contacto. Desafiando el más reciente vicio humano: creación de contenidos, vacíos de todo y de lo que no se ha salvado la espiritualidad.

 

Todo se mezcla y se confunde, tratando de imponer emocionalidad fingida a la esencia espiritual. Esto ya se ha revertido al esconderse fines insustanciales y turbios. Se ha suscitado una competencia salvaje para quienes se apuntan en ese trote. Ver esto se hace muy penoso, a la par de que todo apunta hacia la diversidad que trae fractura y fragmentación.

 

Pocas propuestas loables y expansivas de virtudes, y valores. Sabemos que la ética yace moribunda cuando se pretende desvirtuar, desautorizar y desvalorizar. Esta Escuela seguirá siempre valorando y respetando todo ímpetu espiritual genuino, y de eso somos Escuela.

De la vieja Escuela

 

Esta Escuela es tan vieja y antigua como nosotros mismos. Como la célula atómica, la chispa divina, el gen primero, que se propuso la vida humana como sistema, evolutivo o no. Habiendo aprendido, en algún momento, que “en el camino se sanan los entuertos”, intuimos que siempre existirá la fórmula temporal para sanarse de esta enfermedad que se llama vida y en la que nos consumimos mutuamente.

 

A propósito de “la vieja escuela” tomamos el modismo para asumir nuestra relación a principios, códigos y valores que nos hacen guardar actitudes y conductas que nos honren, así como a los maestros de los que hemos aprendido. Es una expresión que enaltece a quien ha tenido la humildad para aprender y distinguirse en actos que no transgredan la autonomía y libertad del otro, tampoco sacrificando la propia.

 

Como buena vieja escuela se fundamenta en el amor. El sentimiento original y primario de toda esta aventura. Amor como la constante de todo. Simplismo radicalizado, desconceptualizado y descontextualizado. Nuestro amor no entra en definición ni está al alcance. Está en lo que obramos.

 

Sin entrar en romanticismos, ni en manifiestos cursis o “contenidos” para complacer, nos hemos dispuesto en la simpleza del amor. Todo se produce bajo la más amorosa y estricta guía, habiendo experimentado los circuitos de conexión de amor con la Fuente que nos empapó, refregó, restregó y enjuagó el alma, y que nos provee vitalmente de todo.

La esfera como garante 

Como pilar de certeza, inalterada e inmutable, la fuente-esfera que instruye a la Escuela. Linaje estelar de luz, fuente de consciencia maestra, tempranamente brindado por gracia de Lahiri Mahasaya, uno de los instructores inmortales. Bajo su guía desentrañamos, sin endiosamiento, la Consciencia Babaji. Entender y aceptar esta nomenclatura: Babaji. Simple vocablo de amor, fuerza y bondad. 

La Esfera es la única garantía de lo que sé existe. Puede que aquí manifieste como refutable respuesta la fe, pero hoy la asumo como un estado de consciencia, alcanzado tras férrea indagación propia y me permite seguir, asumiendo ya que los humanos somos así: una colonia de individualidades dispuesta a descreerse a sí misma.

 

No hay tambaleo posible, la inconsciencia se resiente como momentánea aflicción. La Esfera, la Consciencia ni siquiera necesita fe, es. El fin único, de un propósito y un plan espiritual como este, es preservar conductos de fe con seres que dejaron una estela pura a seguir cuando se consagraron al Ser. ¿Qué más se necesita? Y solo queda ganar más fe propia.

Escuela que aprende

Aprendimos de nuestro potencial expansivo y comenzamos a sopesar las estructuras energéticas para sostenernos. Entonces, por ley, se potenció. Fue cuando comprendimos las infinitas posibilidades del ser, del amar infinito, del amar por siempre y para siempre. Amarlo todo.

Aprendimos que amar se aprende, se aprende amando, sabiendo amar. Juntar nociones que detonen la cabeza, vuelen la mente, reseteen la memoria hasta implosionarte y de allí a sentir.

Aprendimos a alcanzar la potencia de una consciencia vibrante y que le hace juego a todo lo que existe. Nada es ajeno. Saber que el amor es la constante energética que mueve y sostiene todo.

Aprendimos a habitarnos en presencia de amor. Fue la elección de existencia. Así como aprendimos que no sería fácil por la repercusión contraria. Justo decir entonces: ¿quién dijo miedo?

Aprendimos a disciplinarnos en la tarea propia, a ocuparnos de las materias pendientes, a coexistir bajo la correlación discipular, a prestarnos atención, a obtener rendimientos y logros sin necesidad de competir.

Aprendimos que la decisión de amar opera como única ley, para sopesar la vida y estimar la odisea más alucinante que es intensificada al despertar.

Experimentamos entonces un sentir que reconfiguró, revitalizó y nos estimuló. Al darnos cuenta de que no existía espacio posible para contener todo eso, solo entonces, decidimos expandirlo. Así se creó esta nueva Escuela.

A manera de carga

Ni principio ni valores

 

Cuando se nos asignó Escuela Valores Divinos no supimos bien cómo tomarlo, aunque no tardamos en descifrar: los principios y valores estaban por ser ignorados. Y ya en este presente, toda esta simulación de integración y correspondencia entre nosotros es una farsa. Se han ido imponiendo patrones separatistas, segregacionistas, raciales y discriminatorios para desintegrarnos. Nunca tan faltos de principio y tan divididos.

 

El Plan de romper y corromper nuestra esencia universal está en marcha y va con éxito. Disociar y distanciar, desde toda creencia que nos estigmatiza la ruptura y el quiebre. Hoy se apunta a la fragmentación de status, gustos, criterios, géneros. La zanja viene a recrudecer vacíos y crear necesidades. Se potencia y se empodera al dejo la valía humana, disminuido en amor propio y al otro. Nada se concibe desde y por el amor, los estímulos a exaltar se escarban en las lesiones de abandono o desamparo, victimización y minusvalía, competitividad, codicia, envidia y cualquier otra miseria por exaltar.

 

Existimos como una masa humana fragmentada e irremediablemente rota. No hay forma ni proceso de unificación. Ya no. Este Plan avanzó más rápido de lo que pudimos pataletear para desprendernos de este sistema. Nos hemos extremado, radicalizado y antagonizado en irreconciliables. Y todos estuvimos presentes cuando desde la política, la economía, los proyectos sociales y medioambientales se conjugó el triste papel de simular una utópica avanzada humana.

 

Hemos protagonizado una farsa existencial de evolución. Estamos signados por estos quiebres temporales, la pandemia como lo más reciente. Seguida por lo que transita como guerra, migración, pugnas entre izquierda y derecha, fracturas monárquicas, imposiciones globales de personajazos del deporte, la farándula, la pseudopolítica, indigesta mezcolanza para montar escándalos que ocupen a quienes aún no cuentan con vida propia.

 

Y la sucesión de eventos se potencia con la viralización y la desmedida utilización de la comunicación establecida como fuente inagotable de sucesos que nos alcanzan. Todo ocurre en medio de pausas impuestas y aceleraciones virtuales, lo que ha trastocado nuestra percepción del tiempo.

Aquí es cuando me provoca citar a Nietzsche: 

«El gran desprendimiento llega súbitamente… como una sacudida sísmica; el alma joven se estremece de una vez, se suelta, se arranca, ella misma no entiende lo que sucede. Impera un impulso y un embate que se enseñorea de ella como un mandato, despierta una voluntad y un deseo a todo precio de partir hacia alguna parte; arde y llamea en todos sus sentidos una fuerte y peligrosa curiosidad en torno a un mundo desconocido… Despierta un susto súbito y una desconfianza frente a lo que ella amaba, un relámpago de desprecio frente a lo que se llama “deber”, una exigencia revolucionaria, arbitraria, volcánica que empuja a la peregrinación”.

 

Y es también cuando en esta causal correspondencia sin tiempo ni espacio es como si el también filósofo contemporáneo, Byung-Chul Han prosiguiera este sentimiento argumentando lo siguiente:

“… Quien intenta vivir con más rapidez, también acaba muriendo más rápido. La experiencia de la duración, y no el número de vivencias, hace que una vida sea plena. Una sucesión veloz de acontecimientos no da lugar a ninguna duración. La satisfacción y el sentido no se dejan fundamentar en un cuerpo teórico. Una vida a toda velocidad, sin perdurabilidad ni lentitud, marcada por vivencias fugaces, repentinas y pasajeras, por más allá que sea la «cuota de vivencias», seguirá siendo una vida corta.

¿Cuál será el andar del futuro? La época del peregrino o de la marcha ha quedado atrás para siempre. ¿Volverá el hombre a marchar sobre la Tierra tras una breve fase de merodeo? ¿O abandonará definitivamente el peso de la Tierra y del trabajo y descubrirá la ligereza del deambular, el vagabundear flotante en el ocio, es decir, el aroma de un tiempo flotante?”

Globalizar la mentira

Toda esta inconsciencia global está reforzada por el influjo protosapiente informático, proveedor de toda data y saciador emergente de la necesidad humana de conocer, enterarse, informarse, implicarse y permanecer bajo la pretensión de lo que hoy se entiende como saber.

 

Hoy está la posibilidad abierta hacia la accesibilidad informativa. Atiborrarse de datos, hechos y sobre todo pseudonoticias de las realidades creadas, ha suscitado flujo y velocidad a nuestra capacidad de registro, por ende, a nuestra memoria. Esto es lo que ha generado un desfase. No estar informado supone no estar, no vivir, no saber, no poder ser. 

Casi que se ha suplantado el despertar de la consciencia con la emergente facultad de actualizarse de hechos. Y la tendencia mundial es querer, poder, pretender e imponer lo que se cree saber, sea verdad o mentira, fidedigno o hipotético, real o ficticio. No importa.

 

Este forzamiento por adecuarnos a la virtualidad modificó nuestro propio sistema. Hemos ampliado memoria de captación para estar a la par, no solo de los eventos sino de su seguimiento y repetición, lo que nos lleva a realidades que creemos propias, sin importarnos qué tan falsas son, pero conllevan un fin: globalizar la mentira, hacernos parte de esa mentira y lo más riesgoso, creernos esa mentira.

Información-Conocimiento-Sabiduría

Sin advertir ni corroborar que la fórmula de la existencia, con la vida y toda su progresión, lo que se conoce como muerte y demás, sea bajo el rigor del método científico o el inexplicable misticismo, ha llevado a insospechado riesgo la mítica impermanencia humana. La que subsiste pese a las formas de temor, producto -precisamente- de las desmedidas formas de desinformación que los seres guardan de sí mismos. Eso es lo que realmente ignora y todo aquello que conduzca hacia ese propósito será objeto de rechazo, burla y condena.

 

De todo lo demás se sabe expresados en manifiestos, edictos, cancelaciones, vejaciones, disposiciones, opiniones y pareceres en todo espacio dada la neopresencialidad en redes. Esto sumado a la exacerbación, la negación, así como a las lícitas y legítimas contradicciones que siempre nos parten en dos. El ser humano decidió encarcelarse en todos estos sistemas, estratégicamente proporcionados, para mal utilizar su condición de cocreador.

Sin más, se ha creado una crisis de información que busca confundir y así permanecer en la inercia que priva de libertad. De esa facultad intrínseca capaz de proporcionar lucidez, exactitud y alcance para autoconocerse y romper el cerco humano que nos mantiene dentro de la humanidad. Hay que salir de ahí, de aquí, hay que saber salir hasta de nosotros mismos.

 

Por otra parte, hay que reconocer, el detonante que la información ha develado como síntomas de despertar. Así como alguna activación de consciencia y podría sonar alentador. No lo es. Se dispara el vector como posibilidad abierta de activar la consciencia, pero los factores que secundan entrampan. Tanta información distorsionada, mal elaborada y falsamente contrastada ha enrarecido la sana elaboración, la experimentación y enmaraña el entendimiento, y la reformulación. 

Brota un hastío y hasta una generalización que connota la peligrosidad nuevamente de lo que se advierte como informativo, rancia mezcla de lo que pareciera conocimiento y sabiduría.

Simular presencialidad

Es menester abandonar esta simulación de presencialidad, la pretensión de habitar en ausencia. La virtualidad jamás dará la data pura de nuestra esencia-sistema. No deberíamos renunciar a nuestros circuitos naturales, extensibles, palpables, reconocibles. Es abominable el acomodarnos a la sucesión de eventos repetitivos, sin sentir y resentir el sufrimiento producido por hechos, personas, eventos y episodios siempre tan recurrentes y conocidos. Mantenernos en la réplica más allá de la dinámica de la constante espacio-tiempo que brinda la oportunidad de vida-experiencia.

La sensación actual es como si se hubiese dado una remoción de velos, pero la percepción se agota ipso facto, ante la avalancha de actitudes masivas que solo denotan desintegración y desespero por diluir, sentir y afianzarse a lo reconocido. Es la consabida y previsible respuesta masiva para asegurar la conducta replicante que mantenga el status quo, así los dividendos esperados. Se trata de eso: mantener el engranaje activo de la maquinaria que impera como orden.

A manera de recarga

Cada Plan de vuelo es un reajuste y es por eso que me permito el recuento, la ubicación y la valoración. Así como creo que deben hacer igual. No se trata de alivianar la carga, con la justa descarga para preparar la recarga que sostenga. Es todo eso y más. Es tiempo de reafirmarse. Nos han intentado usurpar el alma, secuestrar la voluntad y cercenar el ímpetu, y desmerecer el Ser. 

Que no suene a detonar conflictos, pesares, menos desaliento. Siempre va por la reformulación de lo que el factor tiempo brinda como experimentación, advirtiendo su progresión, su aparente cese y la posibilidad ya comprendida de que se nace para morir, bajo la ilusión intrínseca de aprovechar toda realidad vivible.

 

Entonces, no es temerle al tiempo y su paso, ni acelerar ni desacelerar ni precipitarlo ni escamotearlo, se trata del encanto por la vida o la muerte, siendo lo mismo. Es saber que el plan de vida corresponde a la transcendental actitud ganada en la constante tiempo-espacio que nos sujeta, sabiendo además lo vital de la inmortalidad como recurso existencial.

Este año me ha sensibilizado mucho la Escuela, más. Lo que hemos forjado como conducto y consecución del Plan. He recurrido a cada hecho que me indique lo que significa, connota y conlleva formarse en una Escuela así. Lo que he aprendido de tanta gente, en tantos. Así mismo, cómo hemos desafiado con la palabra escuela  esta humanidad.

 

Se trata de una conducta y actitud que dignifica lo que es aprender más que enseñar. Hoy, ahora cuando todo el mundo quiere enseñar todo. Es cuando debemos entender que no todo puede ser asimilado como carga y el mecanismo de descarga que empieza desde la culpa infligida como estigma religioso, pasando por las restricciones sociales en cuando a status de vida (país de origen, linaje social, poder adquisitivo y un largo etcétera) se quedan en el pasado. Es tiempo de reafirmarse. Nos han intentado usurpar el alma, secuestrar la voluntad y cercenar el ímpetu, desmerecer el Ser.

Dejo este texto de Nietzsche a manera de epílogo:

 

“…Y Zaratustra habló así al pueblo: Es tiempo de que el hombre fije su propia meta. Es tiempo de que el hombre plante la semilla de su más alta esperanza. Todavía es bastante fértil su terreno para ello. Mas algún día ese terreno será pobre y manso, y de él no podrá ya brotar ningún árbol elevado.

¡Ay! ¡Llega el tiempo en que el hombre dejará de lanzar la flecha de su anhelo más allá del hombre, y en que la cuerda de su arco no sabrá ya vibrar! Yo os digo: es preciso tener todavía caos dentro de sí para poder dar a luz una estrella danzarina. Yo os digo: vosotros tenéis todavía caos dentro de vosotros.

¡Ay! Llega el tiempo en que el hombre no dará ya a luz ninguna estrella. ¡Ay! Llega el tiempo del hombre más despreciable, el incapaz ya de despreciarse a sí mismo.

¡Mirad! Yo os muestro el último hombre.

«¿Qué es amor? ¿Qué es creación? ¿Qué es anhelo? ¿Qué es estrella? -así pregunta el último hombre, y parpadea…

…La tierra se ha vuelto pequeña entonces, y sobre ella da saltos el último hombre, que todo lo empequeñece. Su estirpe es indestructible, como el pulgón; el último hombre es el que más tiempo vive…

…La gente ya no se hace ni pobre ni rica: ambas cosas son demasiado molestas. ¿Quién quiere aún gobernar? ¿Quién aún obedecer? Ambas cosas son demasiado molestas.

¡Ningún pastor y un solo rebaño! Todos quieren lo mismo, todos son iguales: quien tiene sentimientos distintos marcha voluntariamente al manicomio. «En otro tiempo todo el mundo desvariaba» -dicen los más sutiles, y parpadean.

Hoy la gente es inteligente y sabe todo lo que ha ocurrido: así no acaba nunca de burlarse. La gente continúa discutiendo, mas pronto se reconcilia -de lo contrario, ello estropea el estómago. La gente tiene su pequeño placer para el día y su pequeño placer para la noche: pero honra la salud.

«Nosotros hemos inventado la felicidad» -dicen los últimos hombres, y parpadean-. … No me entienden: no soy yo la boca para estos oídos. […]

Y ahora me miran y se ríen: y mientras ríen, continúan odiándome. Hay hielo en su reír…”

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