Tu Ser sin control

Haz consciente cada respiro, respondiendo a tu condición, a tu estado. Sé libre en la manera de autogestionarte esta actitud, esta necesidad, lograr esto que te…

Por Mataji Shaktiananda

Tu Ser sin control

Haz consciente cada respiro,
respondiendo a tu condición, a tu estado.
Sé libre en la manera de autogestionarte
esta actitud, esta necesidad,
lograr esto que te sostiene.

Respira con serenidad,
y si lo tienes, lo contienes: tu sosiego.
Ahora mismo hay un temor tan generalizado,
hacia lo que el control es.

¿Te asusta saber mantener tu control?
¿Le temes a controlarte?
¿Crees que responde a alguna forma arbitraria,
aunque propia de control?
¿Te crees en derecho o en deber, de estar bajo control?

¿Crees que tu respiro es controlado?
Pruébate.
¿A qué impulso, a qué patrón, responde tu manera de respirar?
¿Qué o quién controla tu respiro?
¿A qué obedece? Más allá de lo vital que es.

¿Crees que estamos libres o existe un control
hasta imperceptible, al que nos damos?
¿Crees que es prudente que controles tu respiro?
Házlo, que no sea mecánico, ni precipitado ni ansioso.
Controla tu respiro, y que te provea
de lo que sientes necesitas respirando así,
para lo que sigue, que es permanecer así,
en tu autonomía, contemplándote,
cuando sabes ya, cuánto control opera.

¿Desde cuántas partes , ya irremediablemente,
se ejerce un control sobre ti?
Todo lo que se ha desarrollado para pretender conocerte,
saber qué haces, qué quieres, qué te gusta, qué no,
a qué eres proclive, qué rechazas.

Respiras desde lo que crees es tu control,
y entiende, es tu única arma.
Dirás: ¿no puedo prescindir de comprenderla así?
¿Un arma, para qué, ante quién?
Sujétate a tu respiro,
así como transcurre, consciente, sosegado, atento.

Dirás de nuevo: ¿hay que proveerse de algún arma?
Y si quieres, contémplalo como tu dispositivo,
tu instrumento de acción, tu recurso preciado,
y, aunque no lo quieras, tu valioso control.

¿Cómo crees podrías enfrentar tanto control indeseado?
¿Con qué?
Y dirás: ¿cuidarme? Más bien protegerte conscientemente,
sin temor, sin paranoia, sin desventura.
Lo único que te protege es tu respiro consciente,
que regula todos tus sistemas.

Ya sabes qué los ocupa,
cómo tan progresiva, y a la vez tan brutalmente,
se ha desencadenado una furia por el control.
Y obsérvate cómo estás dispuesto,
qué te lleva y qué te trae a producirte momentos así.
¿Qué intentas, qué buscas, qué logras?
¿Lo logras? ¿Crees que la libramos?
Percíbete.
¿Qué ocurre en tu cerebro?
¿Qué filamentos se activan?
¿Qué está implícito aquí, en ti?
¿Qué logra controlar tu silencio? Más allá de regular tu mente,
disponerla para lo que quieres, si es que lo sabes.
¿Qué tanto te permite?
Y tu respiro en el sano control.

Y ya lo sabes bien,
lo que existe es una crisis de control por tu atención.
Imagínate tu valor.

Sostén el aliento, regula el respiro,
y que jamás te aturda tu silencio,
que los aturda a ellos, que no lo conocen.
Tu silencio es preciado,
y es lo que los desarma,
y les genera el terror de perder el control.

Por eso trabajas en ti, respiras para ti,
y para lo que la conciencia en silencio es.

Tu Ser sin control y en silencio,
impenetrable, indescifrable.
Han sobrepasado los límites y te toca reponerlos,
ejerciendo tu control, ejerciendo lo que quieres,
sabiendo quién eres y queriéndote.
Ni respondas al descontrol ni al desamor,
sé firme, respira consciente, medita en ti,
y siente lo que la conciencia es: el no control.

Obra en luz, obra en verdad, obra en amor.
No cedas ante la maldad, el egoísmo.
No cedas, bien armado estás.

Respira profundo, agradece a tu Ser,
permítete más.

Om Namaha Shivaya

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