Invócate a lo que creas seas,
con respiraciones sutiles pero profundas,
tal y como has adiestrado este sistema físico
para que responda en estos momentos
que guardas para ti.
¿Sabrías qué invocar en ti?
¿Has podido reconocer sin fantasía o misticismo
qué existe, qué habita,
más allá de lo que tu cuerpo es?
¿Te sabes en algo o en alguien?
¿O lo sabes en ti?
¿Crees que existe algo o alguien para eso?
De pensarlo, de sentirlo, invoca
con tu solo respiro, desde lo que tu vida es,
el espacio que ocupas, y hazte presente,
consciente, procurando atenderte,
y todo lo que tu estado produce.
Si me preguntas de invocar… a la conciencia,
esa insustancia capaz de crear
lo que tu sustancia es, y asimismo amarla.
¿Percibirás los filamentos?
Lo que conecta, lo que te permite advertirte,
lo expresado, lo manifestado en tu respiro,
lo que tu mente logra,
-no la excluyas, artífice es de tu estado-
latente, intuitiva, poderosa.
Y así lo será,
que tan fervientemente combate
lo que tu ego es, y a lo que sometida está,
a la expresión dual, pero se impone.
Respira porque su apuesta es liberarse,
y de tus mecanismos puros se vale,
y el respiro lo es, así como ese tesón
de instruirte en ti, de calmarte, de percibirte,
de aquietarte, de no fingir ni exaltarte.
Permanece en atención consciente.
Te observas,
y ojalá sea con amor, con paciencia y con rigor.
¡Te necesitas tanto!
Es que es lo único: tu necesidad de ti.
Y mira cómo se ha armado todo esto,
lo que hemos permitido,
lo que hemos creído necesitar en esta vastedad.
¡Tanto espacio! ¡Tantos lugares!
¡Tantas formas!
Tan seductoras como avasallantes.
¡Tanto espectáculo natural!
¿Y el humano?
Y te lo has creído, necesitarlo además,
y sin pretendido escape, no se podría.
Como tu ley manda: respira,
e invocado como está, ríndete ante tu Ser,
eso sí es un espectáculo,
eso sí es un resplandor,
pese a todo lo que te opacas.
Dirás, como tantas veces:
¿qué hago aquí?
Y es tiempo de que atiendas más
a lo que la conciencia es,
y te dejes de ocupar de toda esta parafernalia.
Que reconsideres lo que es tu propuesta de vida,
que la aceptes y por encima de todo, que te cumplas,
por voluntad y hasta por derecho,
porque el deber ya está cumplido:
vives y la conciencia sabe,
pero la que Es, no la reformateada,
engañosa y controlada.
Eso que existe, eso que sabes existe,
eso que sientes existe, eso que te libera.
Y es amar, amarte, como lo entiendas,
como incluso lo creas, como crees haber aprendido,
y hasta como prefieras.
Porque hay una instancia,
un espacio sin forma alguna que te habita,
del que eres parte, y cada respiro lo alimenta.
De ahí que veles por la cualidad
de lo que tu respiro es:
una muestra pura de tu Ser,
una ofrenda, una respuesta,
un sentimiento, una verdad.
Así que respira con fuerza,
con todo lo que eres y sientes ser,
así te pronuncias, es tu exactitud,
es tu amor, plenitud en conciencia.
Om Namaha Shivaya


