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Valentía para resistir

Meditación con Mataji Shaktiananda

25·05·2022

Mantén tus respiros profundos y serenos.
Aprecia el tono, frecuencia,
 que estabiliza y que rompe silencios
que nada dicen.
Respira a gusto, con satisfacción,
sabiendo que es tu alimento mayor.
Haz que cada respiro te satisfaga.

Así, te vas despejando
de todo pensamiento hostil,
de algún mal momento en tu cotidianidad,
de algún tropiezo, algún desencuentro
y de esas noticias tan devastadoras.

Respira llamándote a tu serenidad
y haciendo tu silencio, ante tantos escándalos.
Cada respiro aquieta, sosiega
y esta vez, vamos a permitirnos una sutil petición,
para esas almas que se desprenden
tras los hechos tan inconscientes, tan inhumanos:
que la paz los alcance, ya fuera de aquí, lejos.

Conviene tanto respirar,
respirar con propósito, con la voluntad
de querer obtener otro estado, en otro espacio.

Haz que tu respiración te permita abrirte.
Dirás, ¿qué debo abrir?
¿Será mi mente? ¿Será mi corazón? ¿Será mi alma?
Todo eso y más, porque hay más.
Eres y contienes más.

Dirás, ¿abrirme para qué?
Si a veces, lo que provoca es cerrarse,
sobre todo para no sufrir.

Porque abriéndote, recibes más,
más de la Fuerza que Es,
más de esa valentía tan urgente para resistir.

En la medida en que te abres, tu respiro se acopla,
se hace vasto, completamente vital y te sostiene.
Te sostiene tanto,
que hasta se suprime, se distancia,
hasta crear lo que el aliento es.
Tu divino aliento,
 ese que sabe, que todo es y que vive por eso.

Nada que contemplar,
nada que pensar, nada que sentir.
Abierto y expandido,
es que tu Ser habita el Ser, Aquello.
Tan divino y tan vital como tu aliento.
Dime si no es para creerte,
para experimentar lo que la existencia es
y lo que más, saberte amado.

¿Crees que confías en que así es?
¿No te parecen estos instantes
lo más cercano a un aliento de amor?
Tu aliento.
Que, en medio de tanto,
puedas y quieras alcanzar tu aliento
y que pareciera, además, que no existe nada más.

Respiro suspendido,
aliento sostenido y abierto al amor.
Y ese ardor en el pecho te lo confirma.
Y, desde ahí, pronuncia desde tu silencio:
Luz y amor para todos.
Luz y amor para todos.
Luz y amor para todos.

Respiras profundo y recuerdas que existes,
te acuerdas que vives
y que estás aquí hoy, siendo en ti.

Respiras profundo y te participas tu amor.
Te agradeces y agradeces a lo que todo Es.

Respira más, respira profundo.


Om Namaha Shivaya