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Almas confiadas en amarse

Meditación con Mataji Shaktiananda

06·10·2021

Haz que tu respiración sea tan fluida, como imperceptible.
Asúmela desde una naturalidad profunda,
que ni se acerque al mecanicismo.
Hazte tan consciente de tu manera de respirar,
de tu necesidad de respirar, de tu placidez al respirar.
Confiando, además, en que, al respirar consciente,
en esta introspección, que bien puedes llamar meditación,
estás ahí, observándote sutilmente y atendiéndote.

Respira y atiende bien,
si es que en verdad estás concretando propósito.
¿Cuánto más tendrías que ver, experimentar, vivir,
para darte comprensión de lo que realmente ocurre?

Y dirás, ocurre la vida, ocurre el tiempo, ocurre la realidad.
Y sí, es cierto, ocurre todo eso y más.
Ocurre la vida y muerte, ocurre el destiempo
y, ocurre la irrealidad.

Y estás ahí, ¿en medio de qué?
Nuestros gobiernos no orientan.
Nuestras sociedades se discriminan.

Nuestras familias. Nuestras familias. Nuestras familias.
¿Qué son? Y deberían serlo todo.
Almas confiadas en agruparse, en acompañarse,
en sentirse, en ayudarse, en amarse.
Y ni siquiera eso está ocurriendo.

Por lo que deberías, si te es posible,
ampliar el sentido, significado,
de lo que esa palabra -y más que palabra-
respuesta es, consciente en ti.
Una familia, aunque a tu individualidad le pese.
E imagina, igual, qué tan grande puede ser.

¿Qué tanta correspondencia
entre quienes hoy podrías identificar,
como un ser que te es, se te hace, familiar?
¿Guardarías algún requisito? ¿Alguna exigencia?
¿Sabrías a quién rechazar, a quién desconocer, a quién desamar?

Respira porque la propuesta es,
sabiendo el esfuerzo, la valentía,
de haber querido experimentar aquí,
que te hagas un espacio, que combines sentimientos,
que explores afectividad y que te propongas igual
un sentido mayor de pertenencia a lo que una familia es.

Dirás: “Si apenas puedo y acepto la propia.
Si, igualmente, la acepto como una bendición”.
Entiende más, hay orfandad, hay ausencias,
hay abusos, hay transgresiones, hay delitos.
Y el sufrimiento, no se contiene.
¡Cuántos hijos desasistidos!

Implórate sentimientos aún más profundos,
conscientes, abiertos, con los que puedas remediar en algo,
toda esta ausencia de amor filial.

Y, a lo mejor te suene inmenso,
aquello de la familia universal.
¡Seríamos tantos!
Y es porque somos tantos.

Por lo menos, refuerza y refuérzate
ante la familia que concibes hoy
como tu fuente de amor y luz.
Los alimentos vitales.
Y, desde ahí, nútrete y nutre,
a lo que te ha correspondido,
por lazos consanguíneos.

Proponte.
Despierta más.
Hazte más consciente.
Sirve más.
Sé capaz de entregar lo que eres y más,
lo que todavía quieres ser.

No te confundas, no te hablo de lazos ficticios,
afectividades manipuladoras ni obligaciones.
Simplemente, haz que tu Ser,
sepa amar, quiera amar, pueda amar.
¡Es tan necesario!

Om Namaha Shivaya