fbpx

logomaweb.fw

Editorial|Newsletter Nº28

JULIO 2019

Varanasi, la morada infinita

Despertar en Varanasi sabiendo que nada ha sido un sueño. Más bien parte de una misma realidad que sobrevino como un Déjà vu, desde el mismísimo día en que se pisó de nuevo -en esta vida- esta bendita y sagrada ciudad. Del hedor astral que asaltó entonces el alma, como un rebullicio pleno de sinsentido, hasta el silencio que sobrecoge ahora en toda contemplación, que ya recuerda nada más que para vivenciar un pasado latente.

¿Para qué? Y sólo vale si el pasado que existe hoy se abalanza como un ladrillo intacto que edifica la existencia presente.

Varanasi golpea duro, sólo para asestar a la memoria señas casi ininteligibles que nos llevan una y otra vez a nosotros mismos. Ayuda asentarse, surcar el cauce a contramarcha, constante y perenne, rayar vetas, y contemplar el arrastre de ofrendas, hasta los mismos restos -hilachas humanas- o más bien fibras de esa tela corporal que revistió el alma y verlas desvanecerse en cenizas, tras el ardor en las piras eternas que humean en medio del aire de la ciudad, elevando la muda, y a la vez explícita plegaria: no nacer nunca más.

Varanasi nos ha concedido el permiso de habitarla -en vida- nuevamente. Y ya lo legendario empieza a recobrar desde esa vida interna, químico-físico-genético que impregna toda esencia lo que de ella es. Ya se revive en las corrientes del alma, quien es definitivamente quien se estremece, la memoria que se extiende en cada piedra concebida para el ritual. Ya caminar lo es. Postrarse ante Vishvanath lo es.

 Reflejarse en en cada rostro rayado de historias lo es. Navegar en bote de palmo a palmo la vena materna vital lo es. Sostener el hilo de vida que es esta existencia para saber morir lo es.

Sí, esta realidad es inherente, no es un sueño, ni nada parecido. No es tiempo para romanticismos ni estadios egóicos y menos lugares comunes que por resabidos se acomodan. No, Varanasi es hoy nuestra más pura realidad. Y en particular esa estrecha callejuela, a tope con mezquitas y mandires. Estar a medio camino entre las dos estancias de quien nos brindó la sublime bendición del encuentro propio no es una causalidad común; es única.
Entonces en este Gurupurnima, eclipse mediante, valga la celebración para rendirnos ante la esencia inmortal de Lahiri Mahasaya. Desde hoy habitamos en la ruta que cruzó una y mil veces hasta elevarse, hasta allá lo alcanzamos para alcanzarnos. Preparados estamos para habitar en esta realidad que no sucumbe a espejismos, ni desvaríos, ni exaltaciones. Es el continuum dado en este andar tan antiguo como nuevo. Ya habitamos para morir en esta ciudad que nunca fallece -y el tiempo es testigo- porque se sabe viva, eterna, inmortal.

Varanasi es hoy y para siempre nuestra morada.

Mataji Shaktiananda

0 Comments