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Editorial Newsletter Nº27

MAYO 2019

EL GOLPE MAESTRO

 

Esa es la actitud. La más firme. Quien quiera darle a su vida un sentido menor puede conformarse con bagatelas menores también, existen y de toda naturaleza. Porque no se trata de enfilar a insustanciales ejemplos lo que es la templanza en la naturaleza humana. El coraje dado en valentía, así como el riesgo atado a la ponderación, todo junto, formaliza el equilibrio vital para plantarse en los dos pies y saberse. Sin aspavientos, tampoco timideces, menos falsa humildad. Es saber ser desde el estar.

Eso me dice esta imagen que hoy me brindan, tomada en una de las tantas veces que Swamiji Divyanand estuvo a nuestro lado, danda en mano y desde hace rato, celular también, dirigiendo esta expresión del ser que es uno. Así, Shankaracharya Divyanand, quien acaba de dejar estos planos para transcender -desde su fuerza molecular- aun más hacia la luz, nos arropó con su divinidad desde el primer día de nuestro encuentro. Estos pasos juntos en esta encarnación, impregnados de sabiduría y calidez, nos acentuó y nos dio índice de la aventura sin par que nos volvió a reunir para reafirmarnos en el sendero eterno y en la búsqueda incesante del ser en uno mismo.

No fueron pocos tampoco los extremos azares en tiempo visible que debimos sortear para experimentar con virtud la realidad atemporal e invisible que nuestras almas han sostenido como propuesta. Juntos aquí, en esta implacable contemporaneidad, nos resteamos con firmeza ante la escasa piedad y censura que esconden los temores comunes frente a quienes se brindan sus propios frutos existenciales, llámese legado o tradición, propósito o determinante vital, para referir en palabras humanas semejante correspondencia.

El alma bendita de Swamiji sólo aceptaba promulgar verdad, propia y ajena, de allí que sin tabúes señalara por doquier la falsedad y la simulación. No la soportaba, aunque debiera cumplir con los dictámenes de una entrega, jamás trabajo u oficio, como lo aclaró cientos de veces, con la tarea de regente de la tradición védica, en estos tiempos de confusiones y farsas espirituales.

El Shankaracharya, y lo decimos hoy ya sobre su aliento etérico, nunca permitió rendición ante estas faenas y aun mantengo impregnado su golpe en la espalda cuando me sentí flaquear por el pronunciamiento, entonces incomprendido, que mi alma había realizado. “Fuerza, Shaktiananda, el Señor Shiva no se pronuncia si no tuvieras la capacidad de asumirte”. Así fue siempre ante nosotros: directo y enérgico, vehemente en sus posturas y con una bondad en su verbo que abastecía cualquier alma.  Así aprendimos de todas sus fases por demás visibles, abiertas, íntegras y asimilamos la medida de arriesgar toda fuerza existente en uno mismo para establecer el orden interno, pese a los embates.

Ese manifiesto visual es él, hasta hoy mismo, severidad y candor, dulzura y clemencia.

Hoy, cuando tras su partida nos dijo más y nos dejó sin mezquindad sus incuantificables valores y herencia de luz, nos rendimos a su alma, inmersa ya en la nuestra para siempre.

Más paz, más luz, más amor, amado Swamiji, siempre en nosotros estará su alma infinita.

Mataji Shaktiananda

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